lunes, 13 de octubre de 2008

Seguimos delirando con la poesía dadó (que no dadá)

Un café solo y sola en una chistera sin fondo
dónde una canción es interrumpida
por un silencio ensordecedor.
Una gota más que llena la copa
de los momentos que
crearon la vida de un recien nacido
que hoy muere en tre risas y desolacion.
Los monstruos que caen, a veces,
a los pies de la conciencia.
Un eco de orgasmos reprimidos
en una vida que pierde la cabeza.
Un circo, una sonrisa,

un esperma que se pierde en un mundo
que cabe en una habitación poblada de desmemoria.
Un trago de escritura automática
que perfectamente podría cambiar su orden
en el infinito del no saber qué viene después o
que viene antes de la mirada que sorprende
en la espiral de la inconsciencia.
Un ojo que es mirado sin mirar.
Un reloj que juega con las agujas
creando un sinfín de casualidades.
Carcajadas que drogan
un ambiente saturado de caminos
que se desvían entre tintas, y medias tintas,
de plumas que cosquillean los besos que dimos al aire.
Juegos de niños adultos que imaginan vidas mejores
en muertos de papel escrito por payasos
tristes.
Miedos perdidos en protestas
que, a su vez, se pierden en el profundo egoísmo
del propio ser,
generoso y generador de nuevas propuestas.
Escupiendo letras
que se alimentan del pezón umbilical
que nació en el seno de la noche
en la que las estrellas decidieron suicidarse
para descubrir que había más allá
de la galaxia que limita
la libertad del pensamiento.
Y putas orgullosas
que no son más que santos disfrazados,
de cortesía,
entre las cuatro paredes infinitas de clausura.
Una idea que se une a otra
para crear un nuevo pensamiento,
exento de razones,
que destruya el original u origen
que todos perdimos al caminar hacia la luz,
uterina,
que gritaba con ideas de neón:
Vida.

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